Aqui estamos. Dios, tú, yo.
Dios con su todo, con su amor enorme, sus razones que son LAS razones, sus mapas para mí. Tú. Y yo.
Creí que íbamos por la misma vereda, siguiendo sus pasos o queriéndolos seguir, pero hoy terminé de darme cuenta. Creo que algo finaliza. Y me causa un dolor raro, un dolor asordinado el decirlo, pero lo hago a pesar de eso.
Estás tan dentro de ti que no ves el final. Es más; tal vez te des cuenta dentro de meses o años. Pero para mí es aquí y ahora.
No se trata de hacerme la santanosequé; todos cometemos errores, lo sabemos. Es que yo no quiero seguir metida en un error. Y no quiero complotar tácitamente. Ni siquiera tengo ganas de desear el mal, o de esas reacciones novelescas que uno tiene de vez en cuando. Simplemente me salgo de tus veredas y regreso a las mías. A las que Él tenía en mente para mí desde el principio. Y seguro tendré ganas de acercarme a vos en mis momentos cansados o llorosos, en mis momentos "low battery" pero haré algo al respecto. Y conservaré la distancia.
Hoy te veo desde aqui en silencio. Te ves diferente ahora y puede ser porque te veo al fin desde fuera.
Qué dolor debilitado me punza por momentos el alma al verte.
Qué cantidad de razones me invaden y me aseguran que estoy en lo correcto al estar aqui. Qué desarraigo. Qué raíces habías echado en mí.
Qué alivio.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)