TRES LETRAS

Me lo dijo tan rápido que me dejó sin poder pensar. Y dentro de mí estaba pasando algo que aún no podía identificar.
- "Pero ahora la ciencia cambió mucho, el tratamiento, qué se yo..." -murmuró luego suavemente-.
No podía escucharla más. No quería escucharla más. Lo único que quería era retroceder el tiempo.
Dios mío, retrocedamos el tiempo.

Ella era la más graciosa, la más loca, la que en verano nos gritaba "carnaval!" y nos perseguía para tirarnos agua en cualquier momento hasta que nos rendíamos y entonces ella decía "te asusté!" y siempre era broma, nunca nos quería mojar. Y siempre caíamos. Cada una fue a una escuela diferente, hizo una vida diferente. Pero cada tanto nos encontrábamos a tomar un café y charlábamos horas, y nos reíamos recordando tantas cosas. Y cada tanto nos reuníamos ambas familias a almorzar y nosotras nos quedábamos viendo a nuestros hijos jugar juntos mientras los demás charlaban. Una vez mirándolos así, ella me dijo: "te quiero amiga" y nos emocionamos.
Y luego cuando nos enviábamos mensajes terminábamos escribiendo "tqa", que sabíamos que era nuestro "te quiero, amiga". Sabiendo que nuestras vidas podían pasar vertiginosas cada día, pero siempre estaríamos una para la otra. Que eso nunca cambiaría.
Por eso cuando esa noche recibí su mensaje "d vras ncsito vrt cto ants.TQA." con mayúsculas, supe que era importante vernos.

Al llegar donde nos encontraríamos, ya ella estaba ahí. Estaba algo pálida y sin maquillaje. En sus manos tenía un papel doblado. Nos saludamos y la noté algo temblorosa. Le pedí inmediatamente que me diga qué pasaba. Ella respiró hondo en voz alta.
-Amiga -susurró-.-No me asustes nena -la interrumpí- decime qué pasa, antes que nada no te olvides que para lo que sea tenemos al Señor, no? tan grave no puede ser, sino me hubieras llamado, calmate, vos sabés,
-VIH -me dijo, mirándome por un momento a los ojos-.
Y bajó la mirada. Nuestras lágrimas cayeron en silencio.
-No -alcancé a decir-. No.

Ella sigue hablando y yo sólo pienso en esas tres letras: VIH. Me quiero morir, qué pasó, por qué, por qué a ella, por qué esa enfermedad. No me interesa si tuviste la culpa o no, es que no quiero que te mueras. No quiero que me dejes, no quiero que nos dejes. Yo planeé la vida juntas hasta el final.Yo no me imagino la vida sin vos.Me estoy desarmando por dentro, quiero gritar. Quiero gritar de bronca, de dolor, qué se yo. Ella habla de tratamientos y yo quiero que volvamos a ser niñas. Quiero que no sufras, quiero sanarte, no sé decirte lo que quiero. Quiero que no haya sucedido nunca, Dios mío.

Al final nos miramos en silencio y llenas de lágrimas.-Salgamos de aquí por favor -me dice-.

Mientras salimos y caminamos por la vereda, hablamos sobre que pasará. Cómo enfrentarlo, cómo decirlo y a quienes. Hablamos y planificamos, y decidimos, y no pude aguantar, y me detuve delante de ella.Levantó la mirada. Me alejé unos pasos y dibujé en el aire tres letras enormes: TQA.
-Pero esto es tan... difícil. Tan difícil. Nunca pensé que me iba a pasar esto,
Nos abrazamos en medio de la vereda.

La Biblia habla del amor como lo que queda aunque lo demás pasa. Tan fuerte es como el mar. A veces comparamos nuestras vidas con las piedras que el mar moldea con la erosión. Pero en este mismo momento pienso que somos un poco como el mar, que podemos golpear contra las rocas del acantilado o deslizarnos en la arena y de todas maneras no seremos menos. Podemos romper en las costas de golpe o estar apacibles y dignos de una foto al atardecer y seguimos siendo lo mismo. El amor en nosotros entonces, es como la sal del mar.

Vuelvo a detenerme delante de ella.
-Corrijo- le digo, y dibujo en el aire tres letras: TAA- te amo amiga, estoy a tu lado, lo que sea lo vamos a enfrentar, estamos juntas y tenemos el mismo Dios, contás conmigo. Te amo, escuchaste? Es lo único que puedo hacer y demostrarte, es lo único que tengo para darte. Mi familia es como la tuya, lo que tengo también. Somos como hermanas. Estoy aquí, a tu lado más que siempre.
-Mi amiga -me dice ella llorando y abrazándome una vez más- mi hermana.

El tiempo pasa, el tratamiento sigue y la confianza y fe en Dios también. Cuando nos reunimos luego de los exámenes de rutina, festejamos que vamos bien y el siguiente fin de semana nos reunimos ambas familias a almorzar. Nuestros hijos ya están más grandes y no corren tanto, pero seguimos viéndolos reírse, viéndolos crecer.Y ahora nuestros mensajes terminan con las mejores tres letras: TAA.