Aqui estamos. Dios, tú, yo.
Dios con su todo, con su amor enorme, sus razones que son LAS razones, sus mapas para mí. Tú. Y yo.
Creí que íbamos por la misma vereda, siguiendo sus pasos o queriéndolos seguir, pero hoy terminé de darme cuenta. Creo que algo finaliza. Y me causa un dolor raro, un dolor asordinado el decirlo, pero lo hago a pesar de eso.
Estás tan dentro de ti que no ves el final. Es más; tal vez te des cuenta dentro de meses o años. Pero para mí es aquí y ahora.
No se trata de hacerme la santanosequé; todos cometemos errores, lo sabemos. Es que yo no quiero seguir metida en un error. Y no quiero complotar tácitamente. Ni siquiera tengo ganas de desear el mal, o de esas reacciones novelescas que uno tiene de vez en cuando. Simplemente me salgo de tus veredas y regreso a las mías. A las que Él tenía en mente para mí desde el principio. Y seguro tendré ganas de acercarme a vos en mis momentos cansados o llorosos, en mis momentos "low battery" pero haré algo al respecto. Y conservaré la distancia.
Hoy te veo desde aqui en silencio. Te ves diferente ahora y puede ser porque te veo al fin desde fuera.
Qué dolor debilitado me punza por momentos el alma al verte.
Qué cantidad de razones me invaden y me aseguran que estoy en lo correcto al estar aqui. Qué desarraigo. Qué raíces habías echado en mí.
Qué alivio.
MOMENTO 2

Suena la música y me doy cuenta
que estoy siguiendo la letra, murmurando las frases
sin detenerme a decirlas en serio, porque simplemente canto con los demás
miro alrededor, los brazos en alto, los ojos cerrados y las lágrimas.
Me siento tan lejos de todo eso.
Y estoy cantando que te amo.
Y presa fácil de la vergüenza, me callo
y bajo la mirada. No puedo cantarte esto,
qué amor puedo darte, de qué amor puedo hablarte.
Puedo hablarte de un amor que te ha cantado tanto
y te ha acariciado tan poco
Puedo hablarte del amor que llega a la noche tarde
y se acuesta a dormir sin hablarte.
Puedo hablarte de un amor que planea y decide solo,
sin preguntarte si estás de acuerdo, sin recordar que compartes mi vida.
Puedo hablarte de un amor que ha dedicado un par de horas a la semana
o tal vez menos
a pensar en ti.
No siempre fué así, lo sé, y puede que eso
haga más latentes la distancia y el silencio.
Me pregunto si seguirás queriendo este amor imperfecto, amor carente,
amor que hiere sin saber, que te lastima sin querer.
Amor que lentamente, muy lentamente se va alejando, se va debilitando.
Quiero amarte bien,no puedo amar a nadie más así;
pero es que mi amor es tan imperfecto,
tan tonta y humanamente imperfecto.
Abro los ojos esperando encontrar tu dolor,
tus insultos o hasta una bofetada,
y encuentro tu mirada frente a mí,
tus ojos profundos que me miran.
Me miras en silencio, y el silencio suspende todo,
hasta que me sonríes y me abrazas una vez más
secando mis lágrimas, lágrimas de amor imperfecto,
escuchándome quedamente mientras te digo que lo lamento tanto,
y me cantas, y sé que cantas pensándome sólo a mí,
y me regresa la vida al alma cuando te escucho decirme
sin castigos posteriores, sin requisitos, sin por las dudas:
Te amo.
TRES LETRAS
Me lo dijo tan rápido que me dejó sin poder pensar. Y dentro de mí estaba pasando algo que aún no podía identificar.
- "Pero ahora la ciencia cambió mucho, el tratamiento, qué se yo..." -murmuró luego suavemente-.
No podía escucharla más. No quería escucharla más. Lo único que quería era retroceder el tiempo.
Dios mío, retrocedamos el tiempo.
Ella era la más graciosa, la más loca, la que en verano nos gritaba "carnaval!" y nos perseguía para tirarnos agua en cualquier momento hasta que nos rendíamos y entonces ella decía "te asusté!" y siempre era broma, nunca nos quería mojar. Y siempre caíamos. Cada una fue a una escuela diferente, hizo una vida diferente. Pero cada tanto nos encontrábamos a tomar un café y charlábamos horas, y nos reíamos recordando tantas cosas. Y cada tanto nos reuníamos ambas familias a almorzar y nosotras nos quedábamos viendo a nuestros hijos jugar juntos mientras los demás charlaban. Una vez mirándolos así, ella me dijo: "te quiero amiga" y nos emocionamos.
Y luego cuando nos enviábamos mensajes terminábamos escribiendo "tqa", que sabíamos que era nuestro "te quiero, amiga". Sabiendo que nuestras vidas podían pasar vertiginosas cada día, pero siempre estaríamos una para la otra. Que eso nunca cambiaría.
Por eso cuando esa noche recibí su mensaje "d vras ncsito vrt cto ants.TQA." con mayúsculas, supe que era importante vernos.
Al llegar donde nos encontraríamos, ya ella estaba ahí. Estaba algo pálida y sin maquillaje. En sus manos tenía un papel doblado. Nos saludamos y la noté algo temblorosa. Le pedí inmediatamente que me diga qué pasaba. Ella respiró hondo en voz alta.
-Amiga -susurró-.-No me asustes nena -la interrumpí- decime qué pasa, antes que nada no te olvides que para lo que sea tenemos al Señor, no? tan grave no puede ser, sino me hubieras llamado, calmate, vos sabés,
-VIH -me dijo, mirándome por un momento a los ojos-.
Y bajó la mirada. Nuestras lágrimas cayeron en silencio.
-No -alcancé a decir-. No.
Ella sigue hablando y yo sólo pienso en esas tres letras: VIH. Me quiero morir, qué pasó, por qué, por qué a ella, por qué esa enfermedad. No me interesa si tuviste la culpa o no, es que no quiero que te mueras. No quiero que me dejes, no quiero que nos dejes. Yo planeé la vida juntas hasta el final.Yo no me imagino la vida sin vos.Me estoy desarmando por dentro, quiero gritar. Quiero gritar de bronca, de dolor, qué se yo. Ella habla de tratamientos y yo quiero que volvamos a ser niñas. Quiero que no sufras, quiero sanarte, no sé decirte lo que quiero. Quiero que no haya sucedido nunca, Dios mío.
Al final nos miramos en silencio y llenas de lágrimas.-Salgamos de aquí por favor -me dice-.
Mientras salimos y caminamos por la vereda, hablamos sobre que pasará. Cómo enfrentarlo, cómo decirlo y a quienes. Hablamos y planificamos, y decidimos, y no pude aguantar, y me detuve delante de ella.Levantó la mirada. Me alejé unos pasos y dibujé en el aire tres letras enormes: TQA.
-Pero esto es tan... difícil. Tan difícil. Nunca pensé que me iba a pasar esto,
Nos abrazamos en medio de la vereda.
La Biblia habla del amor como lo que queda aunque lo demás pasa. Tan fuerte es como el mar. A veces comparamos nuestras vidas con las piedras que el mar moldea con la erosión. Pero en este mismo momento pienso que somos un poco como el mar, que podemos golpear contra las rocas del acantilado o deslizarnos en la arena y de todas maneras no seremos menos. Podemos romper en las costas de golpe o estar apacibles y dignos de una foto al atardecer y seguimos siendo lo mismo. El amor en nosotros entonces, es como la sal del mar.
Vuelvo a detenerme delante de ella.
-Corrijo- le digo, y dibujo en el aire tres letras: TAA- te amo amiga, estoy a tu lado, lo que sea lo vamos a enfrentar, estamos juntas y tenemos el mismo Dios, contás conmigo. Te amo, escuchaste? Es lo único que puedo hacer y demostrarte, es lo único que tengo para darte. Mi familia es como la tuya, lo que tengo también. Somos como hermanas. Estoy aquí, a tu lado más que siempre.
-Mi amiga -me dice ella llorando y abrazándome una vez más- mi hermana.
El tiempo pasa, el tratamiento sigue y la confianza y fe en Dios también. Cuando nos reunimos luego de los exámenes de rutina, festejamos que vamos bien y el siguiente fin de semana nos reunimos ambas familias a almorzar. Nuestros hijos ya están más grandes y no corren tanto, pero seguimos viéndolos reírse, viéndolos crecer.Y ahora nuestros mensajes terminan con las mejores tres letras: TAA.
- "Pero ahora la ciencia cambió mucho, el tratamiento, qué se yo..." -murmuró luego suavemente-.
No podía escucharla más. No quería escucharla más. Lo único que quería era retroceder el tiempo.
Dios mío, retrocedamos el tiempo.
Ella era la más graciosa, la más loca, la que en verano nos gritaba "carnaval!" y nos perseguía para tirarnos agua en cualquier momento hasta que nos rendíamos y entonces ella decía "te asusté!" y siempre era broma, nunca nos quería mojar. Y siempre caíamos. Cada una fue a una escuela diferente, hizo una vida diferente. Pero cada tanto nos encontrábamos a tomar un café y charlábamos horas, y nos reíamos recordando tantas cosas. Y cada tanto nos reuníamos ambas familias a almorzar y nosotras nos quedábamos viendo a nuestros hijos jugar juntos mientras los demás charlaban. Una vez mirándolos así, ella me dijo: "te quiero amiga" y nos emocionamos.
Y luego cuando nos enviábamos mensajes terminábamos escribiendo "tqa", que sabíamos que era nuestro "te quiero, amiga". Sabiendo que nuestras vidas podían pasar vertiginosas cada día, pero siempre estaríamos una para la otra. Que eso nunca cambiaría.
Por eso cuando esa noche recibí su mensaje "d vras ncsito vrt cto ants.TQA." con mayúsculas, supe que era importante vernos.
Al llegar donde nos encontraríamos, ya ella estaba ahí. Estaba algo pálida y sin maquillaje. En sus manos tenía un papel doblado. Nos saludamos y la noté algo temblorosa. Le pedí inmediatamente que me diga qué pasaba. Ella respiró hondo en voz alta.
-Amiga -susurró-.-No me asustes nena -la interrumpí- decime qué pasa, antes que nada no te olvides que para lo que sea tenemos al Señor, no? tan grave no puede ser, sino me hubieras llamado, calmate, vos sabés,
-VIH -me dijo, mirándome por un momento a los ojos-.
Y bajó la mirada. Nuestras lágrimas cayeron en silencio.
-No -alcancé a decir-. No.
Ella sigue hablando y yo sólo pienso en esas tres letras: VIH. Me quiero morir, qué pasó, por qué, por qué a ella, por qué esa enfermedad. No me interesa si tuviste la culpa o no, es que no quiero que te mueras. No quiero que me dejes, no quiero que nos dejes. Yo planeé la vida juntas hasta el final.Yo no me imagino la vida sin vos.Me estoy desarmando por dentro, quiero gritar. Quiero gritar de bronca, de dolor, qué se yo. Ella habla de tratamientos y yo quiero que volvamos a ser niñas. Quiero que no sufras, quiero sanarte, no sé decirte lo que quiero. Quiero que no haya sucedido nunca, Dios mío.
Al final nos miramos en silencio y llenas de lágrimas.-Salgamos de aquí por favor -me dice-.
Mientras salimos y caminamos por la vereda, hablamos sobre que pasará. Cómo enfrentarlo, cómo decirlo y a quienes. Hablamos y planificamos, y decidimos, y no pude aguantar, y me detuve delante de ella.Levantó la mirada. Me alejé unos pasos y dibujé en el aire tres letras enormes: TQA.
-Pero esto es tan... difícil. Tan difícil. Nunca pensé que me iba a pasar esto,
Nos abrazamos en medio de la vereda.
La Biblia habla del amor como lo que queda aunque lo demás pasa. Tan fuerte es como el mar. A veces comparamos nuestras vidas con las piedras que el mar moldea con la erosión. Pero en este mismo momento pienso que somos un poco como el mar, que podemos golpear contra las rocas del acantilado o deslizarnos en la arena y de todas maneras no seremos menos. Podemos romper en las costas de golpe o estar apacibles y dignos de una foto al atardecer y seguimos siendo lo mismo. El amor en nosotros entonces, es como la sal del mar.
Vuelvo a detenerme delante de ella.
-Corrijo- le digo, y dibujo en el aire tres letras: TAA- te amo amiga, estoy a tu lado, lo que sea lo vamos a enfrentar, estamos juntas y tenemos el mismo Dios, contás conmigo. Te amo, escuchaste? Es lo único que puedo hacer y demostrarte, es lo único que tengo para darte. Mi familia es como la tuya, lo que tengo también. Somos como hermanas. Estoy aquí, a tu lado más que siempre.
-Mi amiga -me dice ella llorando y abrazándome una vez más- mi hermana.
El tiempo pasa, el tratamiento sigue y la confianza y fe en Dios también. Cuando nos reunimos luego de los exámenes de rutina, festejamos que vamos bien y el siguiente fin de semana nos reunimos ambas familias a almorzar. Nuestros hijos ya están más grandes y no corren tanto, pero seguimos viéndolos reírse, viéndolos crecer.Y ahora nuestros mensajes terminan con las mejores tres letras: TAA.
DEJALO A DIOS ACTUAR

Es una canción muy linda y atemporal de mi querido Pablo Bedrossian, colega y amigo a quien quiero mucho y agradezco su confianza.
DEJALO A DIOS ACTUAR
DENTRO DE TI, TEN FE,
DEJALO CONSTRUIR
UNA VIDA MEJOR
DEJALO A DIOS HACER
UN MILAGRO EN TU SER
DEJALO ESTAR EN TU INTERIOR
CREANDO PAZ, DANDO AMOR,
DEJALO ACTUAR
DENTRO DE TI
DEJALO A DIOS SEMBRAR
TANTA BELLEZA
DENTRO DE TU ALMA CREAR
UN ESPACIO PARA LA SORPRESA
DEJALO A DIOS PONER
UNA AVENTURA EN TU SER
DEJALO ESTAR EN TU INTERIOR
CREANDO PAZ, DANDO AMOR,
DEJALO ACTUAR
DENTRO DE TI.
ESAS PALABRAS

El hombre escuchó esas palabras y por un momento fué un chico.
Se sintió como en un sábado por la tarde, como si bajara de la calesita.
Como si estrenara zapatillas, como si le hubiesen comprado algodón de azúcar.
Como en las películas se ven las caras felices riendo en cámara lenta.
Como metiendo los pies en el agua sin permiso.
No pensó que se sentiría así. Así de bien y al mismo tiempo así de mal.
Al mismo tiempo el sonido del monitor y la respiración trabajosa de quien le había dicho esas palabras.
El hombre no pudo evitar las lágrimas. Y se sintió asombrado y dolorido, luminoso y amargo, feliz y quebrado el corazón, todo a la vez.
Tantas veces había escuchado sus palabras llenas de cariño, de aliento, animando a la gente a seguir, a esforzarse, a mejorar. Diciendo "vales mucho", diciendo "Él te ama", diciendo "te amamos", pero siempre desde el púlpito, eran palabras con cariño -o con amor- para todo el grupo, el conjunto de personas, el rebaño! el pueblo, la congregación, le llaman de tantas maneras.
Tantas veces había escuchado su voz potente diciéndole a tantas personas palabras parecidas a las de recién. A tantas personas.
Desde siempre lo había escuchado predicar y lo había visto madrugar, esforzarse, preocuparse por la gente. Había visto sus ojos de alegría, cansancio, tristeza.
Y ahora le dijo esas palabras a él, sólo a él. No a la gente de las bancas, no a otros, no a los "hijos espirituales", sino sólo a él. Por primera vez.
Y luego el silencio. Y esa mirada cansada y penetrante, la misma que le hacía estremecer de chico.
El hombre quiso hablar, quiso responder algo pero no pudo. En su mente pasaban tantos momentos, tanto tiempo.
Sólo pudo acariciar burdamente la mejilla arrugada y mirarle también él a los ojos.
Y reinó el casi silencio, sólo interrumpido por el sonido del monitor y la respiración arenosa del anciano en la camilla.
Y en la cabeza del hombre seguían resonando esas palabras y refrescaban como un rocío los años de espera, los años de necesidad. Esas simples palabras cubrían frágilmente el dolor de no haberlas oído, de no haberlas tenido nunca antes para sí.
Esas palabras que al fin eran suyas y de nadie más. Esas palabras que con la voz cansada y los labios resecos el anciano en la camilla del hospital, su padre, en los últimos respiros de su vida, al final de su carrera, le dijo tembloroso:
"Hijo, te amo. Estoy orgulloso de ti".
UN POEMA QUE ME GUSTA DE MARIO B.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
