
Por Lila Musik
Mesa para dos a su izquierda por favor –me responde el mozo con una sonrisa-.
Respirá hondo –me susurro a mi misma-, todavía faltan quince minutos.
Me siento. Es un lindo café, buen ambiente. Detesto esos lugares impersonales y algo esnobs, con música “acuática” y demasiado silencio. Me gustan los cafés donde se oyen los dejos de otras charlas, ni mucha ni poca luz, música amable al oído. Bueno, amable es un decir, la música no posee esa virtud, más bien la provoca. Mantel color maíz diría mi amiga Andrea, un arreglo con cuentas de vidrio o algo así en el centro, me gusta para mi casa. Me lo llevaría… jaja, claro que no lo haría. Pero está bueno……………….. Estoy absolutamente dispersa y obviamente es por la tensión. El mozo se acerca.
Eeeen... un ratito te llamo, ee… eeestoy esperando a alguien –le digo casi balbuceante-.
Qué tonta. Ni siquiera dejé que me pregunte qué iba a tomar, y para qué le dije que espero a alguien, es obvio si en la entrada pregunté por las mesas para dos. A él qué le importa. Hubiese pedido algo, un jugo, un agua tónica, no sé. Repasemos –hago asomar disimuladamente mi espejito de la cartera-: cabello bien. Maquillaje bien. Todo prolijo, todo en orden. Miro el reloj del café. Qué hago, qué hago………………..
……………….. Quedamos en vernos aquí. Se rió y me dijo que sea puntual. Me dijo que quería verme. Me dijo que le gusto. Me dijo que se siente a gusto conmigo. Hace bastante que somos amigos. Hablamos mucho, compartimos mucho de nosotros, de nuestros mundos a veces tan diferentes, a veces tan parecidos. Nos reímos y sufrimos juntos. Y ahora, luego de todo este tiempo, al fin vamos a vernos “en directo” ………………..
……………….. Todavía no es la hora. Repasemos. La ropa: bien –pasé dos tardes enteras eligiendo qué me iba a poner hoy-. Plan B: bien; si no sale como esperaba, voy al baño, le hago sonar el celular a Andrea y a los 5 minutos me llama con una excusa para irme de aquí. Ay no, no quiero NO gustarle. Tiene que salir bien. Sigamos. Perfume: bien. Espero que no me pregunte cómo se llama, porque no va a quedar bien que le diga “Escape”. Se me saltó el color de uñas en el dedo chiquito, pero lo oculto detrás del anular disimuladamente.................... Uff… a esperar………………..
……………….. Y si se acaban los temas de charla? Y si lo aburro, y si me da por hablar y hablar? Porque cuando estoy nerviosa hablo sin parar. Y si derramo el café, si me tiemblan las manos? Y si le veo los ojos decepcionados? Y si no es como esperábamos… y si después de todo no hay “onda”? Y si sale mal?....................
……………….. Podría irme ahora mismo de aquí. Podría esconder la cabeza y huir, y encerrarme en mi casa, en mi gente, y no atreverme a… a confiar. Podría dejar cerrada la puerta de mi corazón para siempre. Podría hacer como hacen tantos, inventarme algo casual, algo de verano, algo de chat, algo de zapping. Algún romance idílico, algo que alimente mis fantasías de príncipes o de Nicholas Cage en “Un ángel enamorado”, y quedarme en las nubes de mis sueños hasta pasar a mejor vida. Y no estaría viviendo esto.
Pero no, yo sé que prefiero vivir en la realidad, sé que no se puede vivir de fantasías, que la realidad es diferente Y la realidad es que aquí estoy, sentada esperándolo, llena de preguntas, llena de tensión, de miedo. Y me siento tan.......... mi mente se detiene al ver que el mozo se acerca. Acaso él habrá llamado para avisar que no viene? Acaso me dirán que pida café de una buena vez? El mozo se acerca.
- Usted pidió una mesa para dos y aquí hay tres sillas, mil disculpas, ya mismo quito la que está de más…
Mis ojos se iluminan y sonrío. – No por favor, déjela. Mejor déjela aquí. Y gracias! –le digo, aliviada. Me mira sin entender y se aleja. Pero yo sí entiendo. La silla no está de más.
Porque en realidad somos tres a la cita de hoy. Siempre empecé estas cosas “por las mías”, sin recordar que El tambien quería vivir esto conmigo. Ahora recordé que aquí también Dios está junto a mí. Y siempre estará. Y Él tiene mi vida en sus manos. Aunque la cita sea genial o no, Él seguirá junto a mí. Siempre. Le digo: “Bienvenido, qué bueno que estás aquí”. Y sonrío, sabiendo que Él también me sonríe. Y de nuevo recuerdo sus palabras, que no me va a dejar sola, que está conmigo, que su paz está en mí. Ahora estoy más tranquila, ahora todo irá mejor. Aún faltan unos minutos, pero me siento segura porque Dios está, porque está conmigo, y acabo de recordarlo.
Y por fin! ahí viene… sí, es él. Está buscando nuestra mesa, lo saludo alegremente desde aquí. Qué lindo se ve. Se acerca sonriendo. Se acerca a nuestra mesa para dos, donde qué bueno! Somos tres.
