THE REAL LIFE


Por Lila Musik



Son las seis de la tarde de un sábado nublado. Me invitaron a ministrar a un lugar algo lejano de casa y salí con tiempo, no me gusta llegar tarde. Oops, llego demasiado temprano, pienso. Entro por una de las puertas laterales. El coro está ensayando.


Apenas entro puedo oír los arreglos vocales de una conocida canción adaptada al español. La traducción está linda pienso, se ajusta bastante al concepto original. Me siento en un sector poco iluminado del lugar, ya que aún es temprano para que enciendan todas las luces. Suena bien, los músicos ya sacaron los arreglos y las voces están tomando confianza. La persona que dirige las voces ajusta los detalles: las altos calan las notas de tal frase, esta parte es menos acentuada, etcétera. Estaría buena una versión acústica pienso, dejar tónicas algunas partes… en medio de mis pensamientos, un niño chiquito de uno o dos años se acerca a mí y me mira fijo. Tiene las mejillas rojas y mojadas. “Hola manzanita” le digo acariciando su cabecita. Al instante me doy cuenta que está afiebrado, en realidad parece tener bastante fiebre.


Le pregunto dónde están sus papás y señala con su dedito hacia el coro. Ah, bien. Lo tomo de la mano y voy hacia el ensayo. En pleno repaso de tenores saludo a quien dirige y le pregunto por los papás del niño.


“-Ah, sí, yo soy el padre, mi esposa es la que está tocando el teclado. Te estaba molestando mi hijo?” me pregunta el director del coro. Le respondo que no, que me preocupé porque el niño parece tener fiebre.


“-Sí, puede ser que esté resfriado, gracias” me responde sin casi mirarme, para seguir con el ensayo como si nada. Me quedo algo sorprendida.


El ensayo continúa, y el niño comienza a llorar. Parece que tiene frío. Veo como trepa los escalones para llegar a su mamá, que lo mira desde el teclado y le dice no se sube ahí, que se baje ya. El niño llora y va hacia su papá, que está dirigiendo las voces. Se abraza a la pierna de su papá. Éste sigue dirigiendo como si nada. El niño llora más fuerte, entonces sucede lo inesperado. El padre con un gesto de impaciencia, levanta a su hijito y lo deja en un asiento, mientras le dice duramente: “No interrumpas”. Miro a la madre, quien mira por momentos la escena mientras sigue checando los acordes de la canción.


El niño sigue llorando, el coro sigue ensayando. El niño se cubre con una chaqueta que estaba sobre el asiento y parece dormir al final. El coro sigue ensayando. Me pregunto si le habrá subido la fiebre. El padre sigue cuidando que salgan bien los arreglos, la madre practica matizar algunas partes de la melodía. Me siento incómoda, y ya no me agrada tanto como suena todo esto.


Luego de casi una hora se hace silencio. Levanto la vista y veo que termina el ensayo del coro. Todos se toman de las manos. El niño se despierta, tal vez por el silencio y comienza a llorar: “-Mamá… mami…”. Pero su mamá inclina la cabeza, su papá dirige la oración y levanta la voz por encima del llanto de su hijo, todos tomados de las manos, todos orando. Y el niño llorando porque tiene fiebre, el niño llorando porque se despertó y sus papás están demasiado ocupados, demasiado “ministeriales” como para ocuparse de algo “tan terrenal” como la fiebre del niño y su necesidad de estar en los brazos o al cuidado cercano de las personas que más ama. Todo esto me colma, y aún es temprano. Salgo a tomar un poco de aire. Este ensayo de coro no estuvo bueno, a pesar de que todos se quedan sonriendo y preparándose para la reunión.



Algunos escenarios han sido cambiados en esta historia, que es real y la viví hace un tiempo. Lamentablemente el suceso del niño fue más crudo de lo que estoy relatando. Salí de esa ciudad pensando, pensando en qué es lo que entendemos como “ministerio”, nuevamente qué es lo que entendemos por “servir”. Me pasaron varias cosas por la mente y el corazón. Cuántas veces me preocupé por otra gente antes que por mi familia, cuántas veces pensé en lo que yo quería y no en lo que mi familia necesitaba, cuántas veces descuidé a mi gente por satisfacer mis ganas de estar, de hacer, de brillar. Las palabras de Miqueas resonaron en mi mente: “Con qué me presentaré… y adoraré a Dios? Me presentaré con holocaustos, con sacrificios…” -Me presentaré ante Dios para adorarle con mis años de práctica, mi seguridad al tocar, mi carisma al ministrar?- “Lo que pide Dios de ti: solamente hacer justicia, amar misericordia…”



Y me resuenan las palabras de Isaías cuando habla del ayuno verdadero, y dolorosamente veo que no estaba haciendo debidamente las cosas, estaba desenfocando, Isaías me confronta con mi realidad: “El ayuno que yo escogí… No es que compartas tu pan con el hambriento, que a los pobres errantes albergues en casa, que cuando veas al desnudo lo cubras y que no te escondas de tu hermano?”. Y es como si dijera: “No es que abraces a tu gente? No es que consueles a tus hijos? No es que les alimentes, que les bajes la fiebre, que los limpies? Acaso eso no es ministrar el amor de Dios? Acaso no es dejar fluir los dones que Dios te dio, eso no es honrar a Dios?”. Por favor entendeme, no significa que tengo que dejar de cantar y tocar en las reuniones, se trata de abrir los ojos y dimensionar correctamente. Se trata de la vida de Cristo.
The real life.



Mi amigo Fran tiene menciona en un relato a unos chicos que van oyendo música cristiana de lo último en el auto, pero no ven a los niños que mendigan en las calles, yo misma relato varias situaciones relacionadas con el concepto que muchos tienen de “servir”. Pero más allá de eso mi blogger, me digo y te digo: dimensionemos. Démosle a Dios alabanza real, que salga de un corazón que realmente ama, que camina en amor, que demuestra el amor, no sólo que canta, toca, habla acerca del amor. Toquemos y cantemos, y hagamos muchas otras cosas si nuestros prójimos -o sea nuestros próximos- están cubiertos de amor. Atendamos primero las necesidades de la gente que Dios nos puso al lado. No dejemos la enseñanza cristiana de nuestros hijos para los maestros de la escuela bíblica. Es diferente adorar a Dios, abrir la boca y cantarle, y tocar y servir realmente sabiendo que nuestra gente, familia, hijos, están siendo ministrados a través nuestro. Sabiendo que Dios está sembrando en los corazones de nuestros hijos a través del amor que les demostramos. Sabiendo que nuestra familia podrá ver en nosotros que ser cristiano es mejor, que el amor de Dios es real, is
the real life.