Aqui estamos. Dios, tú, yo.
Dios con su todo, con su amor enorme, sus razones que son LAS razones, sus mapas para mí. Tú. Y yo.
Creí que íbamos por la misma vereda, siguiendo sus pasos o queriéndolos seguir, pero hoy terminé de darme cuenta. Creo que algo finaliza. Y me causa un dolor raro, un dolor asordinado el decirlo, pero lo hago a pesar de eso.
Estás tan dentro de ti que no ves el final. Es más; tal vez te des cuenta dentro de meses o años. Pero para mí es aquí y ahora.
No se trata de hacerme la santanosequé; todos cometemos errores, lo sabemos. Es que yo no quiero seguir metida en un error. Y no quiero complotar tácitamente. Ni siquiera tengo ganas de desear el mal, o de esas reacciones novelescas que uno tiene de vez en cuando. Simplemente me salgo de tus veredas y regreso a las mías. A las que Él tenía en mente para mí desde el principio. Y seguro tendré ganas de acercarme a vos en mis momentos cansados o llorosos, en mis momentos "low battery" pero haré algo al respecto. Y conservaré la distancia.
Hoy te veo desde aqui en silencio. Te ves diferente ahora y puede ser porque te veo al fin desde fuera.
Qué dolor debilitado me punza por momentos el alma al verte.
Qué cantidad de razones me invaden y me aseguran que estoy en lo correcto al estar aqui. Qué desarraigo. Qué raíces habías echado en mí.
Qué alivio.
MOMENTO 2

Suena la música y me doy cuenta
que estoy siguiendo la letra, murmurando las frases
sin detenerme a decirlas en serio, porque simplemente canto con los demás
miro alrededor, los brazos en alto, los ojos cerrados y las lágrimas.
Me siento tan lejos de todo eso.
Y estoy cantando que te amo.
Y presa fácil de la vergüenza, me callo
y bajo la mirada. No puedo cantarte esto,
qué amor puedo darte, de qué amor puedo hablarte.
Puedo hablarte de un amor que te ha cantado tanto
y te ha acariciado tan poco
Puedo hablarte del amor que llega a la noche tarde
y se acuesta a dormir sin hablarte.
Puedo hablarte de un amor que planea y decide solo,
sin preguntarte si estás de acuerdo, sin recordar que compartes mi vida.
Puedo hablarte de un amor que ha dedicado un par de horas a la semana
o tal vez menos
a pensar en ti.
No siempre fué así, lo sé, y puede que eso
haga más latentes la distancia y el silencio.
Me pregunto si seguirás queriendo este amor imperfecto, amor carente,
amor que hiere sin saber, que te lastima sin querer.
Amor que lentamente, muy lentamente se va alejando, se va debilitando.
Quiero amarte bien,no puedo amar a nadie más así;
pero es que mi amor es tan imperfecto,
tan tonta y humanamente imperfecto.
Abro los ojos esperando encontrar tu dolor,
tus insultos o hasta una bofetada,
y encuentro tu mirada frente a mí,
tus ojos profundos que me miran.
Me miras en silencio, y el silencio suspende todo,
hasta que me sonríes y me abrazas una vez más
secando mis lágrimas, lágrimas de amor imperfecto,
escuchándome quedamente mientras te digo que lo lamento tanto,
y me cantas, y sé que cantas pensándome sólo a mí,
y me regresa la vida al alma cuando te escucho decirme
sin castigos posteriores, sin requisitos, sin por las dudas:
Te amo.
TRES LETRAS
Me lo dijo tan rápido que me dejó sin poder pensar. Y dentro de mí estaba pasando algo que aún no podía identificar.
- "Pero ahora la ciencia cambió mucho, el tratamiento, qué se yo..." -murmuró luego suavemente-.
No podía escucharla más. No quería escucharla más. Lo único que quería era retroceder el tiempo.
Dios mío, retrocedamos el tiempo.
Ella era la más graciosa, la más loca, la que en verano nos gritaba "carnaval!" y nos perseguía para tirarnos agua en cualquier momento hasta que nos rendíamos y entonces ella decía "te asusté!" y siempre era broma, nunca nos quería mojar. Y siempre caíamos. Cada una fue a una escuela diferente, hizo una vida diferente. Pero cada tanto nos encontrábamos a tomar un café y charlábamos horas, y nos reíamos recordando tantas cosas. Y cada tanto nos reuníamos ambas familias a almorzar y nosotras nos quedábamos viendo a nuestros hijos jugar juntos mientras los demás charlaban. Una vez mirándolos así, ella me dijo: "te quiero amiga" y nos emocionamos.
Y luego cuando nos enviábamos mensajes terminábamos escribiendo "tqa", que sabíamos que era nuestro "te quiero, amiga". Sabiendo que nuestras vidas podían pasar vertiginosas cada día, pero siempre estaríamos una para la otra. Que eso nunca cambiaría.
Por eso cuando esa noche recibí su mensaje "d vras ncsito vrt cto ants.TQA." con mayúsculas, supe que era importante vernos.
Al llegar donde nos encontraríamos, ya ella estaba ahí. Estaba algo pálida y sin maquillaje. En sus manos tenía un papel doblado. Nos saludamos y la noté algo temblorosa. Le pedí inmediatamente que me diga qué pasaba. Ella respiró hondo en voz alta.
-Amiga -susurró-.-No me asustes nena -la interrumpí- decime qué pasa, antes que nada no te olvides que para lo que sea tenemos al Señor, no? tan grave no puede ser, sino me hubieras llamado, calmate, vos sabés,
-VIH -me dijo, mirándome por un momento a los ojos-.
Y bajó la mirada. Nuestras lágrimas cayeron en silencio.
-No -alcancé a decir-. No.
Ella sigue hablando y yo sólo pienso en esas tres letras: VIH. Me quiero morir, qué pasó, por qué, por qué a ella, por qué esa enfermedad. No me interesa si tuviste la culpa o no, es que no quiero que te mueras. No quiero que me dejes, no quiero que nos dejes. Yo planeé la vida juntas hasta el final.Yo no me imagino la vida sin vos.Me estoy desarmando por dentro, quiero gritar. Quiero gritar de bronca, de dolor, qué se yo. Ella habla de tratamientos y yo quiero que volvamos a ser niñas. Quiero que no sufras, quiero sanarte, no sé decirte lo que quiero. Quiero que no haya sucedido nunca, Dios mío.
Al final nos miramos en silencio y llenas de lágrimas.-Salgamos de aquí por favor -me dice-.
Mientras salimos y caminamos por la vereda, hablamos sobre que pasará. Cómo enfrentarlo, cómo decirlo y a quienes. Hablamos y planificamos, y decidimos, y no pude aguantar, y me detuve delante de ella.Levantó la mirada. Me alejé unos pasos y dibujé en el aire tres letras enormes: TQA.
-Pero esto es tan... difícil. Tan difícil. Nunca pensé que me iba a pasar esto,
Nos abrazamos en medio de la vereda.
La Biblia habla del amor como lo que queda aunque lo demás pasa. Tan fuerte es como el mar. A veces comparamos nuestras vidas con las piedras que el mar moldea con la erosión. Pero en este mismo momento pienso que somos un poco como el mar, que podemos golpear contra las rocas del acantilado o deslizarnos en la arena y de todas maneras no seremos menos. Podemos romper en las costas de golpe o estar apacibles y dignos de una foto al atardecer y seguimos siendo lo mismo. El amor en nosotros entonces, es como la sal del mar.
Vuelvo a detenerme delante de ella.
-Corrijo- le digo, y dibujo en el aire tres letras: TAA- te amo amiga, estoy a tu lado, lo que sea lo vamos a enfrentar, estamos juntas y tenemos el mismo Dios, contás conmigo. Te amo, escuchaste? Es lo único que puedo hacer y demostrarte, es lo único que tengo para darte. Mi familia es como la tuya, lo que tengo también. Somos como hermanas. Estoy aquí, a tu lado más que siempre.
-Mi amiga -me dice ella llorando y abrazándome una vez más- mi hermana.
El tiempo pasa, el tratamiento sigue y la confianza y fe en Dios también. Cuando nos reunimos luego de los exámenes de rutina, festejamos que vamos bien y el siguiente fin de semana nos reunimos ambas familias a almorzar. Nuestros hijos ya están más grandes y no corren tanto, pero seguimos viéndolos reírse, viéndolos crecer.Y ahora nuestros mensajes terminan con las mejores tres letras: TAA.
- "Pero ahora la ciencia cambió mucho, el tratamiento, qué se yo..." -murmuró luego suavemente-.
No podía escucharla más. No quería escucharla más. Lo único que quería era retroceder el tiempo.
Dios mío, retrocedamos el tiempo.
Ella era la más graciosa, la más loca, la que en verano nos gritaba "carnaval!" y nos perseguía para tirarnos agua en cualquier momento hasta que nos rendíamos y entonces ella decía "te asusté!" y siempre era broma, nunca nos quería mojar. Y siempre caíamos. Cada una fue a una escuela diferente, hizo una vida diferente. Pero cada tanto nos encontrábamos a tomar un café y charlábamos horas, y nos reíamos recordando tantas cosas. Y cada tanto nos reuníamos ambas familias a almorzar y nosotras nos quedábamos viendo a nuestros hijos jugar juntos mientras los demás charlaban. Una vez mirándolos así, ella me dijo: "te quiero amiga" y nos emocionamos.
Y luego cuando nos enviábamos mensajes terminábamos escribiendo "tqa", que sabíamos que era nuestro "te quiero, amiga". Sabiendo que nuestras vidas podían pasar vertiginosas cada día, pero siempre estaríamos una para la otra. Que eso nunca cambiaría.
Por eso cuando esa noche recibí su mensaje "d vras ncsito vrt cto ants.TQA." con mayúsculas, supe que era importante vernos.
Al llegar donde nos encontraríamos, ya ella estaba ahí. Estaba algo pálida y sin maquillaje. En sus manos tenía un papel doblado. Nos saludamos y la noté algo temblorosa. Le pedí inmediatamente que me diga qué pasaba. Ella respiró hondo en voz alta.
-Amiga -susurró-.-No me asustes nena -la interrumpí- decime qué pasa, antes que nada no te olvides que para lo que sea tenemos al Señor, no? tan grave no puede ser, sino me hubieras llamado, calmate, vos sabés,
-VIH -me dijo, mirándome por un momento a los ojos-.
Y bajó la mirada. Nuestras lágrimas cayeron en silencio.
-No -alcancé a decir-. No.
Ella sigue hablando y yo sólo pienso en esas tres letras: VIH. Me quiero morir, qué pasó, por qué, por qué a ella, por qué esa enfermedad. No me interesa si tuviste la culpa o no, es que no quiero que te mueras. No quiero que me dejes, no quiero que nos dejes. Yo planeé la vida juntas hasta el final.Yo no me imagino la vida sin vos.Me estoy desarmando por dentro, quiero gritar. Quiero gritar de bronca, de dolor, qué se yo. Ella habla de tratamientos y yo quiero que volvamos a ser niñas. Quiero que no sufras, quiero sanarte, no sé decirte lo que quiero. Quiero que no haya sucedido nunca, Dios mío.
Al final nos miramos en silencio y llenas de lágrimas.-Salgamos de aquí por favor -me dice-.
Mientras salimos y caminamos por la vereda, hablamos sobre que pasará. Cómo enfrentarlo, cómo decirlo y a quienes. Hablamos y planificamos, y decidimos, y no pude aguantar, y me detuve delante de ella.Levantó la mirada. Me alejé unos pasos y dibujé en el aire tres letras enormes: TQA.
-Pero esto es tan... difícil. Tan difícil. Nunca pensé que me iba a pasar esto,
Nos abrazamos en medio de la vereda.
La Biblia habla del amor como lo que queda aunque lo demás pasa. Tan fuerte es como el mar. A veces comparamos nuestras vidas con las piedras que el mar moldea con la erosión. Pero en este mismo momento pienso que somos un poco como el mar, que podemos golpear contra las rocas del acantilado o deslizarnos en la arena y de todas maneras no seremos menos. Podemos romper en las costas de golpe o estar apacibles y dignos de una foto al atardecer y seguimos siendo lo mismo. El amor en nosotros entonces, es como la sal del mar.
Vuelvo a detenerme delante de ella.
-Corrijo- le digo, y dibujo en el aire tres letras: TAA- te amo amiga, estoy a tu lado, lo que sea lo vamos a enfrentar, estamos juntas y tenemos el mismo Dios, contás conmigo. Te amo, escuchaste? Es lo único que puedo hacer y demostrarte, es lo único que tengo para darte. Mi familia es como la tuya, lo que tengo también. Somos como hermanas. Estoy aquí, a tu lado más que siempre.
-Mi amiga -me dice ella llorando y abrazándome una vez más- mi hermana.
El tiempo pasa, el tratamiento sigue y la confianza y fe en Dios también. Cuando nos reunimos luego de los exámenes de rutina, festejamos que vamos bien y el siguiente fin de semana nos reunimos ambas familias a almorzar. Nuestros hijos ya están más grandes y no corren tanto, pero seguimos viéndolos reírse, viéndolos crecer.Y ahora nuestros mensajes terminan con las mejores tres letras: TAA.
DEJALO A DIOS ACTUAR

Es una canción muy linda y atemporal de mi querido Pablo Bedrossian, colega y amigo a quien quiero mucho y agradezco su confianza.
DEJALO A DIOS ACTUAR
DENTRO DE TI, TEN FE,
DEJALO CONSTRUIR
UNA VIDA MEJOR
DEJALO A DIOS HACER
UN MILAGRO EN TU SER
DEJALO ESTAR EN TU INTERIOR
CREANDO PAZ, DANDO AMOR,
DEJALO ACTUAR
DENTRO DE TI
DEJALO A DIOS SEMBRAR
TANTA BELLEZA
DENTRO DE TU ALMA CREAR
UN ESPACIO PARA LA SORPRESA
DEJALO A DIOS PONER
UNA AVENTURA EN TU SER
DEJALO ESTAR EN TU INTERIOR
CREANDO PAZ, DANDO AMOR,
DEJALO ACTUAR
DENTRO DE TI.
ESAS PALABRAS

El hombre escuchó esas palabras y por un momento fué un chico.
Se sintió como en un sábado por la tarde, como si bajara de la calesita.
Como si estrenara zapatillas, como si le hubiesen comprado algodón de azúcar.
Como en las películas se ven las caras felices riendo en cámara lenta.
Como metiendo los pies en el agua sin permiso.
No pensó que se sentiría así. Así de bien y al mismo tiempo así de mal.
Al mismo tiempo el sonido del monitor y la respiración trabajosa de quien le había dicho esas palabras.
El hombre no pudo evitar las lágrimas. Y se sintió asombrado y dolorido, luminoso y amargo, feliz y quebrado el corazón, todo a la vez.
Tantas veces había escuchado sus palabras llenas de cariño, de aliento, animando a la gente a seguir, a esforzarse, a mejorar. Diciendo "vales mucho", diciendo "Él te ama", diciendo "te amamos", pero siempre desde el púlpito, eran palabras con cariño -o con amor- para todo el grupo, el conjunto de personas, el rebaño! el pueblo, la congregación, le llaman de tantas maneras.
Tantas veces había escuchado su voz potente diciéndole a tantas personas palabras parecidas a las de recién. A tantas personas.
Desde siempre lo había escuchado predicar y lo había visto madrugar, esforzarse, preocuparse por la gente. Había visto sus ojos de alegría, cansancio, tristeza.
Y ahora le dijo esas palabras a él, sólo a él. No a la gente de las bancas, no a otros, no a los "hijos espirituales", sino sólo a él. Por primera vez.
Y luego el silencio. Y esa mirada cansada y penetrante, la misma que le hacía estremecer de chico.
El hombre quiso hablar, quiso responder algo pero no pudo. En su mente pasaban tantos momentos, tanto tiempo.
Sólo pudo acariciar burdamente la mejilla arrugada y mirarle también él a los ojos.
Y reinó el casi silencio, sólo interrumpido por el sonido del monitor y la respiración arenosa del anciano en la camilla.
Y en la cabeza del hombre seguían resonando esas palabras y refrescaban como un rocío los años de espera, los años de necesidad. Esas simples palabras cubrían frágilmente el dolor de no haberlas oído, de no haberlas tenido nunca antes para sí.
Esas palabras que al fin eran suyas y de nadie más. Esas palabras que con la voz cansada y los labios resecos el anciano en la camilla del hospital, su padre, en los últimos respiros de su vida, al final de su carrera, le dijo tembloroso:
"Hijo, te amo. Estoy orgulloso de ti".
UN POEMA QUE ME GUSTA DE MARIO B.
MOMENTO 1

Te miro.
Veo tus ojos que miran a un punto a lo lejos, por encima de mí. Tal vez hasta por encima de esta realidad, por encima de este momento.
Es extraño ver lo que veo ahora mismo, que pese a ser alguien adulto tus ojos son como los de un niño.
Ojos limpios. Ojos transparentes. Ojos de agua, diría poetizando.
Aunque se oculten detrás de la seriedad, de lo cotidiano, del desdén, de las cuentas que pagar, de los reclamos y la lista de gastos, del recibo de sueldo, de los mails y códigos, y sites y preguntas y respuestas... aunque se escondan detrás de tu rápido caminar y las historias fugaces o no que suceden ante ellos, tus ojos siguen siendo ojos de niño.
Pero no te alertes así. No voy a decirle a nadie.
Nadie más sabrá que te brillaron los ojos, que evitaste mirarme por momentos. Y nadie sabrá que te abrazo si tienes miedo, y que te dejo descansar. Y que me abrazaste en silencio largo rato alguna vez, sin más que eso. Nadie sabrá cuánto nos reímos, ni con qué canción te habías emocionado y luego yo. Ni sabrán si por momentos te apartas, como si quisieras no quedarte aferrado al cariño real. No sabrán si escapas de miedo, si buscas lo imposible por temor a lo posible. Si esperas la utopía porque es más sencillo esperarla, que esperar lo real y concreto. Tal vez por lo que has vivido. Tal vez por no saber lo que podrías vivir.
Nadie más sabrá que tus ojos siguen siendo de niño.
Nadie más sabrá que me abrazaste y te abracé cerrando ambos los ojos.
O que me abrazas y te abrazo de verdad y con los ojos transparentes y abiertos.
LOS VASOS DE CRISTAL

No era miedo, por supuesto. Ni siquiera era esa sensación muda que da el recorrer una biblioteca enorme o un cementerio.
En realidad eran las ganas contenidas de que ellos sigan allí, como si nada, como sin tiempo. Como cuando éramos niños y ella nos esperaba en el portón, como cuando él llegaba del trabajo silbando bajito. Ganas de regresar a aquéllos días, cuando ella me abrazaba con el delantal oliendo a cebolla, cuando jugábamos carreras regresando de la escuela, cuando él se veía tan alto, tan fuerte, con su voz profunda que nos daba una mezcla de orgullo y temor.
Los años pasaron, crecimos. Todos crecimos. Y poco a poco fuimos haciendo cada quien su vida, su propia historia. Sin embargo, siempre nos reencontrábamos en las navidades, semana santa, el aniversario de "los viejos". Y siempre ellos sin saberlo eran quienes seguían manteniéndonos unidos.
Con el tiempo también nuestros propios hijos formaron sus vidas, cada navidad la casa de los viejos quedaba más chica y luego que todos nos íbamos la soledad para ellos era más grande. Ahora lo sé.
Porque es lo que nosotros, sus hijos, sentimos ahora y nos anuda la garganta. Nos miramos con los ojos brillantes y en silencio. Aquí estamos, en la casa que siempre fue nuestro nido y ahora sin ellos está vacía.
Llegó la hora de vender la casa, llegó la hora de apilar los muebles, de guardar las demás cosas en cajas. Vaya a saber qué haremos con todo esto -digo-, vaya a saber -me responden en voz baja-.
Empezamos a guardar. Los abrigos de papá, la caja de los botones, las lanas, las chalinas de mamá para ir a la iglesia, los adornos que ella cuidaba tanto cuando éramos chicos. Los libros de papá apilados ordenadamente, las biblias desteñidas. Los cuadros con fotos. Guardábamos todo cuidadosamente y en silencio.
Luego fuimos a la cocina. Apilando manteles y fuentes comenzamos a recordar anécdotas y comentar sobre ellas, nos reíamos una y otra vez hasta que llegó el momento de guardar la vajilla del mueble grande, los platos y vasos de vidrio, los vasos de cristal, las copas, una ponchera, tazas, teteras y esas cosas. Uno de nosotros tomó valor y abrió una de las puertecitas. CON CUIDADO -dijimos a una voz-. Es que ese mueble era el de "cosas que se pueden romper". A medida que guardábamos regresó el silencio cubierto de recuerdos.
Volviendo a casa miré las cajas que me habían tocado y recordé a mamá. Siempre nos servía el almuerzo y la cena con un cuidado especial que denotaba su amor, siempre nos ponía la vajilla linda, lo que hoy decimos “para las visitas”, y luego ella se sentaba a nuestro lado con su plato blanco y su vaso de aluminio. Siempre el mismo plato, siempre el mismo vaso, siempre preocupada preparando nuestra mesa, nuestras cosas y ella sin darse cuenta dejándose para lo último. Y cuando crecimos y la casa quedó sólo para ellos, ellos cenaban con esos mismos platos y vasos.
Me dieron ganas de tenerlos conmigo, de abrazarlos y decirles que los amaba, que los amo, agradecerles por todo lo que me brindaron, tuve ganas inmensas de prepararles muchos almuerzos y cenas con la mejor vajilla, ganas de darles lo mejor, tanto como ellos me dieron a mí. Como nos hicieron sentir siempre, seguros, amados, importantes. Como cuando el pie crecía y nos daban zapatos nuevos para la escuela, aunque papá tenía que remendarse los suyos otra vez, y los libros, la educación, los cuidados, el amor. Sé que un día nos volveremos a ver, y quisiera prepararles una fiesta ese día, y servirles. Porque dejando de lado las diferencias familiares naturales, ellos procuraron lo mejor para sus hijos. Y nunca les agradecimos con palabras. Ahora quisiera decirlo y ellos no están. No está mi papá trabajador, honesto, preocupado por su familia, merecedor de todas las fuentes de plata. No está mi mamá dulce, ella misma vaso frágil, vaso de cristal brillante y melodioso.
Cuantos años han pasado. La vida corrió apresurada y nos subimos a su tren. En esa velocidad se nos han pasado personas y momentos. Cuantas charlas interrumpidas con mis hijos porque estábamos preocupados y ocupados. Cuanta gente a la que escuchamos y atendimos más que a nuestra gente. Cuantas horas dedicadas al trabajo y al ministerio y cuantas menos dedicadas a mi familia. Y no quiero que se me vaya el tiempo y se me vaya la gente que amo sin decirles y mostrarles lo importantes que son para mí. El tiempo más valioso, el amor con hechos. El amor más dedicado, porque el tiempo se va, y luego no estaremos, y esta casa también quedará sola. Esto que siento es sin duda fruto de lo que mis padres sembraron en mí. Y aunque hayan pasado años, no es tarde. No es tarde para brindarle a mi familia lo mejor.
COMO SI NO ESTUVIERAS

Entré al salón. Estaba casi lleno, y eso que faltaba una hora. Un evento importante sin duda.
Tenía que tocar. Habíamos ensayado un par de semanas, de modo que estaba tranquilo. Había dos canciones “especiales”, pero nos habían dicho que no eran complicadas.
Al entrar saludé a algunos músicos y coreutas. En la segunda fila te vi sentada repasando una letra. Obviamente ibas a cantar esa noche. Me alegré porque desde que te fuiste a vivir lejos no supe de vos, y porque esa noche te iba a escuchar. Siempre me gustó tu voz y te lo dije, recuerdo cuando tenías miedo de cantar alto yo pensaba “cómo puede esconder un don así”. Fui a saludarte contento, esperaba charlar un poco sobre cómo estabas, qué era de tu vida, qué proyectos tenías, en fin. Me acerqué y noté cierta distancia, al hablar se hizo evidente, te pregunté cómo estabas, si ya habías terminado el curso - tecnicatura en laboratorio- me miraste seria y murmuraste: “Ah si… disculpame, estoy repasando la letra de la canción”. Oops. Fui a conectar la guitarra pensativo. Habíamos compartido tiempo, incluso vivencias, te compartí técnicas de canto, me compartiste letras que componías, y ahora… en fin.
Al rato viniste a repasar tu canción. Sí, era una canción conocida. Mientras ensayabas, vi las miradas entre mis colegas, miradas de: “wow, qué voz!”. Y realmente tu voz es wow. Indicaste un par de cosas, el tempo, el piano más alto que la guitarra, y fuiste a tu lugar. Uno de los músicos me dijo: “ella ahora ministra en una iglesia re grande, en…”. Al terminar el ensayo quise ir a charlar un poco más con vos pero estabas con los ojos cerrados obviamente orando, de modo que me quedé en mi lugar.
Lo que noté muy diferente, fue que si bien estábamos con gente conocida, estabas sentada sola. Y todo el tiempo con los ojos cerrados como orando, como si no estuvieras aquí. Quienes habían sido tus inseparables amigas y tus conocidos te miraban de vez en cuando extrañados, tal vez sin atreverse a interrumpirte. Y comenzó la reunión.
Al llegar el momento de tu canción, te vi subir los escalones segura, firme, al tomar el mic sonreíste y luego hablaste, y luego cantaste. La canción brillaba, no puedo negarlo, tu voz es bella, realmente bella. Mientras caminabas cantando, le hiciste una seña al baterista para que baje el tempo y a la vez una veloz “mirada cuchillada” como decimos entre nosotros pero nadie más lo notó, la gente en las bancas estaba conmovida, había lágrimas en varios ojos. Al terminar de cantar, dijiste unas palabras que no recuerdo con un tono dulce en tu voz y mirando a la gente con una sonrisa, luego bajaste. La gente quedó casi en silencio, luego la reunión siguió su curso. Y las veces que te miré, seguías con los ojos cerrados orando, como si no estuvieras aquí.
Apenas terminada la reunión quise saludarte pero aún estabas orando. Desconecté mis cables, guardé la guitarra, y estaba yendo hacia el hall cuando vi que el orador principal se iba velozmente rodeado de sus “colaboradores” para no ser interrumpido a la salida. Entonces te levantaste de tu lugar y seriamente te fuiste detrás de ellos, sola. Sin darte vuelta, sin saludar, tal vez sin ganas de estar aquí. Uno de los músicos se acercó:
- Qué rara, no? Antes ella congregaba aquí, verdad?
No le respondí. Porque tengo la teoría de que en realidad no eras vos quien congregaba aquí. Porque eras la misma, pero eras otra. Porque hoy sos tan wow, tan segura, tan diferente. Tan sola, tan lejos de tu gente. Porque hoy fuiste demasiado lejana, inalcanzable, lejos de lo terrenal. Como si no estuvieras aquí.
Tenía que tocar. Habíamos ensayado un par de semanas, de modo que estaba tranquilo. Había dos canciones “especiales”, pero nos habían dicho que no eran complicadas.
Al entrar saludé a algunos músicos y coreutas. En la segunda fila te vi sentada repasando una letra. Obviamente ibas a cantar esa noche. Me alegré porque desde que te fuiste a vivir lejos no supe de vos, y porque esa noche te iba a escuchar. Siempre me gustó tu voz y te lo dije, recuerdo cuando tenías miedo de cantar alto yo pensaba “cómo puede esconder un don así”. Fui a saludarte contento, esperaba charlar un poco sobre cómo estabas, qué era de tu vida, qué proyectos tenías, en fin. Me acerqué y noté cierta distancia, al hablar se hizo evidente, te pregunté cómo estabas, si ya habías terminado el curso - tecnicatura en laboratorio- me miraste seria y murmuraste: “Ah si… disculpame, estoy repasando la letra de la canción”. Oops. Fui a conectar la guitarra pensativo. Habíamos compartido tiempo, incluso vivencias, te compartí técnicas de canto, me compartiste letras que componías, y ahora… en fin.
Al rato viniste a repasar tu canción. Sí, era una canción conocida. Mientras ensayabas, vi las miradas entre mis colegas, miradas de: “wow, qué voz!”. Y realmente tu voz es wow. Indicaste un par de cosas, el tempo, el piano más alto que la guitarra, y fuiste a tu lugar. Uno de los músicos me dijo: “ella ahora ministra en una iglesia re grande, en…”. Al terminar el ensayo quise ir a charlar un poco más con vos pero estabas con los ojos cerrados obviamente orando, de modo que me quedé en mi lugar.
Lo que noté muy diferente, fue que si bien estábamos con gente conocida, estabas sentada sola. Y todo el tiempo con los ojos cerrados como orando, como si no estuvieras aquí. Quienes habían sido tus inseparables amigas y tus conocidos te miraban de vez en cuando extrañados, tal vez sin atreverse a interrumpirte. Y comenzó la reunión.
Al llegar el momento de tu canción, te vi subir los escalones segura, firme, al tomar el mic sonreíste y luego hablaste, y luego cantaste. La canción brillaba, no puedo negarlo, tu voz es bella, realmente bella. Mientras caminabas cantando, le hiciste una seña al baterista para que baje el tempo y a la vez una veloz “mirada cuchillada” como decimos entre nosotros pero nadie más lo notó, la gente en las bancas estaba conmovida, había lágrimas en varios ojos. Al terminar de cantar, dijiste unas palabras que no recuerdo con un tono dulce en tu voz y mirando a la gente con una sonrisa, luego bajaste. La gente quedó casi en silencio, luego la reunión siguió su curso. Y las veces que te miré, seguías con los ojos cerrados orando, como si no estuvieras aquí.
Apenas terminada la reunión quise saludarte pero aún estabas orando. Desconecté mis cables, guardé la guitarra, y estaba yendo hacia el hall cuando vi que el orador principal se iba velozmente rodeado de sus “colaboradores” para no ser interrumpido a la salida. Entonces te levantaste de tu lugar y seriamente te fuiste detrás de ellos, sola. Sin darte vuelta, sin saludar, tal vez sin ganas de estar aquí. Uno de los músicos se acercó:
- Qué rara, no? Antes ella congregaba aquí, verdad?
No le respondí. Porque tengo la teoría de que en realidad no eras vos quien congregaba aquí. Porque eras la misma, pero eras otra. Porque hoy sos tan wow, tan segura, tan diferente. Tan sola, tan lejos de tu gente. Porque hoy fuiste demasiado lejana, inalcanzable, lejos de lo terrenal. Como si no estuvieras aquí.
MICHAEL: SÍ, ÉL OYE MI VOZ.

Por Lila Musik
Algunas veces contaré vivencias personales como en este caso.
Entre algunos trabajos, tuve el privilegio de preparar un coro para un evento. Tuvimos dos meses de trabajo intensivo, preparación de material para el ensayo en casa, ensayos grupales y generales. Ellos tuvieron dos meses de ensayo, ensayo y más ensayo, familias, trabajos, escuelas, universidades etc. Durante los ensayos la pasamos bien, aunque varias veces les veía las caras de sueño, cansancio acumulado, aunque con los ojos brillantes de ganas de más.
Finalmente llegó la fecha, eran tres noches y una mañana en las que iban a cantar. Por razones que no vienen al caso no pude ir a las noches a escucharlos, pero sí fui a la última reunión en la que cantaban.
Durante esa semana en particular estuve bastante “a full” trabajando y con un par de detalles más no dormí como normalmente y no me sentía bien. Y hacia el final de la semana me sentí bastante sola. Tenía ganas de abrazos, de cariño no sé, de estar con quien me quiera. No puedo decir que no tenía a mi familia, mis amigas y amigos, pero realmente me sentía sola.
Esa mañana mientras iba a oír cantar al coro, pensé “va a ser un rato tan lindo y no voy a tener con quien compartirlo…”, llegué, me senté junto a una amiga, el coro cantó, me encantó, en fin. Y luego, la santa cena. Estaban “repartiendo el pan” –tenías que cortar un pedacito y si querías, compartirlo con alguien- y veía amigos, familiares, parejas, matrimonios que compartían su pan y se abrazaban… mi amiga creo que vio mi mirada, y me dio un trocito de pan: “-te comparto, amiga” me dijo. Y luego sólo pudimos abrazarnos un momentito porque vinieron sus familiares… en fin. Retrocedí unos pasos y hasta me dio vergüenza no compartir con nadie, de modo que bajé la mirada y me puse en “postura de oración”. Al momento me tocan el hombro: “-profe…” y de pronto estaba “inundada” de coreutas, padres y músicos que me compartían el pan y el cariño, y era un lío de gente, abrazos, risas, lágrimas y pedacitos de pan por todos lados. En medio de todo eso me pareció oír la risa contagiosa de Dios al verme feliz. No creo equivocarme al decir que fui la más “convidada” y “compartida” de esa mañana, pero más allá de eso una vez más fui sorprendida por Dios en medio de mi soledad. Una vez más recordé la canción de Smitty que dice algo como “Hay millones arrodillándose, mas entre tantos aún puedes oírme?” (Place in this world) y me sentí feliz de tener este Padre que tenemos, que nos regala lo que ni esperamos de maneras que no pensamos.
Y cuando vuelva a tener un evento al que asistir tal vez vaya con alguien o tal vez no, pero sé que como sea, Dios tiene el control de mi vida, de modo que no estaré sola De modo que va a estar bueno, jeje. Él es perfectamente fiel. Y en medio de millones, oye mi voz.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
